jueves, 11 de junio de 2009

Reportaje Histórico: Arangua “El Huno”

En una fría noche santiaguina, un 22 de mayo de 1991, se desató una batalla campal en pleno campo de juego colocolino. Los guerreros que libraron el enfrentamiento se dividían entre los indios de colo-colo, xeneises del barrio de la boca, fotógrafos provistos de boleadoras letales y carabineros apoyados por fieras bestias caninas. En este fuego cruzado se vio envuelto Rodrigo Arangua, mercenario del diario la época, que en su rol de ilustrador recibió una paliza de proporciones.



Poseedor de una reputación de noble en el arte de la fotografía deportiva, Arangua llegó a los pastos de Macul con la misión de capturar el momento preciso y la emoción vibrante en un partido que de antemano hervía y amenazaba con transformarse en un evento dramático, y porqué no, violento.


Esa noche, cuando los indios explotaban en éxtasis luego de un clasificatorio tercer gol convertido por el cacique Martínez, se generó una invasión de 300 periodistas a la cancha. En aquellos días del siglo XX los periodistas acreditados podían estar dentro del campo y tenían la poco seria costumbre para invadir el terreno de juego a discreción. Arangua era uno más dentro de aquella pintoresca batahola.


La versión trasandina echa la culpa a estos profesionales de las comunicaciones por lo que vino después; el derramamiento de sangre. Acusaron a fotógrafos y periodistas de provocar con duras consignas y epítetos a los jugadores y a los generales del cuerpo técnico del país del tango. Al momento del gol chileno, acusan que les enrostraron la victoria con todas las ganas del hincha más recalcitrante, con harto dedo parado y uno que otro disparo salival.


Ahí ya no había nada que hacer, periodistas se trenzaron a golpes de espada con los futbolistas argentinos. Apareció el bravo león Fernando Astengo y el ágil mono Montoya y la lluvia de golpes cayó con fuerza. Los fotógrafos tomaron sus cámaras y las usaron como amenazantes armas de combate. En medio de la guerra uno de ellos cayó al piso y fue rematado con sendas patadas de los jugadores che. Era Rodrigo Arangua, quien herido supo de la calidad de los estoperoles de aquella época. Tuvo suerte de que su agonizante vida recibió auxilio, siendo enviado con lesiones de mediana gravedad al hospital. Su victimario por mientras era devorado por Ron, una bestia amante del bife de chorizo y de los pantalones cortos.


Actualmente, el veterano Arangua y superviviente de aquella gresca histórica, reside en Colombia donde sigue enfrentando el peligro, retratando cada gota de sudor y cada grito del alma, de esos que llenan portadas y solo se ven en la semejante barbarie que es el fútbol.

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